MATRIMONIO. Fidelidad, Castidad

 

Matrimonio, Fidelidad y Castidad: Un Recorrido Bíblico, Patrístico y Catequético hasta la Actualidad

Resumen

El matrimonio ha sido desde la antigüedad una institución sagrada que refleja la alianza entre Dios y su pueblo. Este artículo analiza la fidelidad, la lujuria, la castidad y la comunión en las decisiones de pareja desde el Antiguo Testamento hasta la actualidad. Se presentan fundamentos bíblicos, aportes de santos y concilios, y se vincula con la pedagogía catecumenal del Camino Neocatecumenal, fundado por Kiko Argüello, que retoma la visión sacramental del matrimonio en clave de discipulado y misión.


1. Introducción

El matrimonio, como unión entre un hombre y una mujer, constituye uno de los pilares antropológicos y teológicos de la humanidad. La Escritura, los Padres de la Iglesia y la enseñanza magisterial han defendido el valor de la fidelidad, la vivencia de la castidad y la comunión en las decisiones como dimensiones esenciales del amor conyugal. En la actualidad, el itinerario neocatecumenal de Kiko Argüello ofrece una pedagogía que recupera estos valores en clave kerigmática y comunitaria.


2. Fundamentos bíblicos del matrimonio

2.1. Antiguo Testamento

El matrimonio en Israel se concibe como alianza y bendición divina. En Génesis 2,24 se afirma: “Por eso deja el hombre a su padre y a su madre, se une a su mujer y los dos se hacen una sola carne”.[1] Este versículo revela la dimensión de unidad y comunión que trasciende lo meramente contractual.
La fidelidad es una exigencia reflejada en la alianza de Dios con Israel: “Yo te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás al Señor” (Oseas 2,22). La infidelidad conyugal es condenada como ruptura de la alianza (cf. Ex 20,14).

2.2. Nuevo Testamento

Cristo eleva el matrimonio a sacramento. En Mateo 19,6 proclama: “Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”. San Pablo,[2] en Efesios 5,25,[3] lo presenta como icono del amor de Cristo por la Iglesia: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella”.
La castidad conyugal aparece como virtud que ordena la sexualidad al amor verdadero (cf. 1 Tes 4,3-5).


3. Fidelidad, lujuria y castidad en la tradición de la Iglesia

3.1. Padres y santos

San Agustín en De bono coniugali resalta los tres bienes del matrimonio: fidelidad, prole y sacramento. La lujuria, por el contrario, es vista como desorden del deseo que rompe la unidad del amor.
Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica (II-II, q.151-153) distingue la castidad como virtud que regula la concupiscencia, elevando la sexualidad a caridad y comunión.

3.2. Concilios

·         Concilio de Trento (1547) reafirmó la sacramentalidad del matrimonio y la indisolubilidad contra las reformas protestantes.

·         Concilio Vaticano II (Gaudium et Spes, 48-52) describe el matrimonio como “íntima comunidad de vida y amor conyugal” en la que los esposos cooperan con Dios en la transmisión de la vida y en la mutua santificación.

 

4. Comunión en las decisiones de pareja

La tradición cristiana subraya la corresponsabilidad entre los esposos. Gaudium et Spes 50 enseña que los cónyuges deben discernir en comunión y oración la apertura a la vida. San Juan Pablo II, en Familiaris Consortio (1981), reafirma la necesidad de una espiritualidad conyugal basada en el diálogo, la oración común y el respeto mutuo.


5. El Camino Neocatecumenal y la pedagogía del matrimonio

Kiko Argüello y Carmen Hernández, en el itinerario neocatecumenal, retoman la dimensión kerigmática y comunitaria del matrimonio. La catequesis resalta que la fidelidad es fruto del Espíritu y no solo de la voluntad humana. En palabras de Argüello: “El matrimonio cristiano es un signo visible del amor gratuito de Dios que perdona y restaura” (Catequesis iniciales).
La praxis del Camino impulsa a los esposos a vivir la castidad en el noviazgo, la apertura a la vida y la comunión en las decisiones familiares bajo la luz de la Palabra, celebrada en comunidad.


6. Actualidad y desafíos

Hoy el matrimonio enfrenta crisis por el relativismo moral y la banalización de la sexualidad. La lujuria, promovida por la cultura de consumo, desfigura el sentido unitivo y procreador. Frente a ello, la Iglesia propone la castidad como camino de libertad y amor auténtico. El testimonio de comunidades neocatecumenales evidencia matrimonios abiertos a la vida, dispuestos a la misión, que encarnan la pedagogía catecumenal en fidelidad a la tradición bíblica y eclesial.


7. Conclusión

Desde el Antiguo Testamento hasta la pedagogía de Kiko Argüello, el matrimonio se entiende como alianza de fidelidad y amor. La castidad y la comunión en las decisiones constituyen pilares para superar la lujuria y vivir el sacramento como signo de Cristo Esposo. Este recorrido muestra la coherencia entre Escritura, tradición y actualidad, proponiendo al matrimonio cristiano como respuesta a la crisis de valores de nuestro tiempo.


Referencias

·         Biblia de Jerusalén (2009). Desclée de Brouwer.

·         Agustín de Hipona. De bono coniugali.

·         Tomás de Aquino. Suma Teológica, II-II, q.151-153.

·         Concilio de Trento. Decretum de sacramento matrimonii, 1547.

·         Concilio Vaticano II. Gaudium et Spes.

·         Juan Pablo II. Familiaris Consortio. Vaticano, 1981.

·         Argüello, K. & Hernández, C. Catequesis iniciales del Camino Neocatecumenal.

·         Benedicto XVI. Deus Caritas Est. Vaticano, 2005.

El matrimonio en la Iglesia primitiva: conceptos, vida, costumbres y rituales

1. Concepto del matrimonio en los primeros siglos

En los tres primeros siglos, la Iglesia primitiva entendía el matrimonio no solamente como un contrato social, sino como un don de Dios y un signo de la unión de Cristo con la Iglesia. Aunque todavía no existía una teología sacramental plenamente desarrollada (como después en el Concilio de Trento), se reconocía que el matrimonio tenía un carácter sagrado y eclesial.

·         Ignacio de Antioquía (siglo I-II) afirma: “Conviene que los hombres y las mujeres que quieran casarse lo hagan con el consentimiento del obispo, para que el matrimonio sea conforme al Señor y no según la concupiscencia” (Carta a Policarpo, 5,2).

·         Tertuliano (siglo II-III) define el matrimonio cristiano como bendecido por Dios: “¡Qué hermoso es el matrimonio de dos creyentes, unidos en una sola esperanza, en un mismo deseo, en una misma disciplina, en un mismo servicio! Son verdaderamente dos en una sola carne” (Ad uxorem, II,9).

·         San Juan Crisóstomo (siglo IV) lo llama “pequeña iglesia doméstica” y exhorta: “Haced de vuestra casa una Iglesia; que haya en ella un lugar para la oración, que las Escrituras resuenen continuamente en vuestros labios” (Homilía sobre Efesios 20).

👉 Idea central: el matrimonio no era visto como mera unión legal, sino como vocación de santidad, comunión y testimonio comunitario.


2. Vida y costumbres matrimoniales en la Iglesia primitiva

1.      Monogamia como norma: Frente a la poligamia tolerada en algunos contextos paganos y judaicos, la Iglesia primitiva defendió la unión entre un solo hombre y una sola mujer, en fidelidad a Génesis 2,24.

2.      Fidelidad absoluta: La infidelidad era considerada una ruptura no solo con la pareja, sino también con Cristo y con la comunidad.

3.      Castidad conyugal: La sexualidad se entendía como expresión de amor, pero ordenada y purificada. La procreación era vista como bendición, pero también se subrayaba el valor espiritual del dominio de sí.

4.      Comunión espiritual: Los matrimonios cristianos solían rezar juntos, compartir la lectura de la Palabra y practicar obras de misericordia.


3. Rituales matrimoniales

Aunque en los primeros siglos el matrimonio cristiano no tenía todavía una liturgia universal establecida, sí existían prácticas comunes:

·         Bendición nupcial: ya en el siglo III, los obispos o presbíteros imponían las manos y oraban sobre los esposos pidiendo la gracia de Dios para su fidelidad.

·         Celebración en la comunidad: El matrimonio se realizaba en presencia de la comunidad cristiana y bajo la aprobación del obispo, subrayando que era un vínculo eclesial, no solo privado.

·         Eucaristía: En algunos contextos, los esposos participaban juntos en la Eucaristía inmediatamente después de su unión, como signo de la comunión con Cristo.

·         Costumbres simbólicas: el intercambio de anillos aparece en la tradición romana y fue adoptado por los cristianos como signo de fidelidad. También existía la “velación nupcial” (imposición de un velo sobre los esposos durante la bendición).

👉 Estos rituales fueron configurando progresivamente la liturgia sacramental del matrimonio, reconocida oficialmente siglos más tarde.


4. Vida de los matrimonios santos en la tradición primitiva

·         Priscila y Áquila (cf. Hch 18,2-3): matrimonio cristiano del siglo I que acompañó a San Pablo en su misión. Ejemplo de hospitalidad y comunión en la evangelización.[4]

·         San Valentín de Roma (siglo III): mártir asociado a la bendición de matrimonios cristianos en tiempos de persecución.

·         Santa Cecilia y Valeriano: matrimonio cristiano de los primeros siglos, que vivió la castidad consagrada al servicio de la Iglesia.


5. Síntesis

En la Iglesia primitiva, el matrimonio fue comprendido como:

·         Una vocación cristiana en fidelidad a Cristo.

·         Una alianza bendecida por la comunidad y presidida por el obispo.

·         Una vida de oración, castidad y comunión, reflejo de la Iglesia doméstica.

·         Un camino de santidad que se desarrollaba en la vida cotidiana y en la misión.


Fidelidad en el matrimonio: un recorrido desde el Torá, la Iglesia primitiva y la tradición católica

Introducción

La fidelidad en el matrimonio ha sido uno de los pilares fundamentales de la vida conyugal desde la revelación bíblica hasta la consolidación de la tradición de la Iglesia. Desde el Torá, pasando por la Iglesia primitiva, hasta la Santa Iglesia en su magisterio, la fidelidad se entiende no solo como exclusividad sexual, sino como un pacto de comunión, entrega y unidad espiritual. Este ensayo propone una reflexión sobre su evolución conceptual y vivencial, incorporando fuentes bíblicas, patrísticas y magisteriales.


Fidelidad en el Torá

El Antiguo Testamento establece el matrimonio como alianza sagrada entre el hombre, la mujer y Dios. En Génesis 2:24, se expresa: “Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne” (Biblia de Jerusalén, 1998). La fidelidad, en este contexto, es reflejo de la fidelidad de Dios a su pueblo (cf. Oseas 2:19-20).
El Torá regula las relaciones conyugales bajo la ley, prohibiendo el adulterio (Éxodo 20:14), [5]y vinculando la infidelidad con el quebrantamiento del pacto con Yahvé. Según el Talmud, el matrimonio (kiddushin) implica santificación y exclusividad (Neusner, 2003).

Fidelidad en la Iglesia primitiva

Los Padres de la Iglesia comprendieron el matrimonio a la luz de Cristo y la Iglesia. San Ignacio de Antioquía exhortaba a que el matrimonio fuera aprobado por el obispo, garantizando su carácter eclesial (Ign. Pol. 5,1). San Clemente de Alejandría enseñaba que la fidelidad matrimonial era camino de santificación frente a la lujuria pagana (Stromata, III,12).
Para San Juan Crisóstomo, la fidelidad es signo del amor sacrificado de Cristo: “La unión de marido y mujer es imagen de la unión de Cristo con la Iglesia” (Homilías sobre Efesios, Hom. 20). Así, la fidelidad no es solo obligación, sino participación en el misterio cristiano.


Fidelidad en la tradición de la Santa Iglesia

Con el paso del tiempo, la Iglesia consolidó una doctrina sacramental del matrimonio. El Concilio de Trento (1547) afirmó su carácter indisoluble y la fidelidad como parte esencial del vínculo. El Catecismo actual lo confirma: “Los cónyuges están llamados a crecer continuamente en su fidelidad… este amor exige, por su misma naturaleza, la unidad y la indisolubilidad de la comunidad conyugal” (Catecismo de la Iglesia Católica [CIC], n. 1644).
La fidelidad se entiende como don y gracia: no solo obligación jurídica, sino virtud teologal vivida en la caridad.


Fidelidad como comunión en la vida y tradición

En la práctica de la vida de los santos, se encuentran ejemplos de matrimonios que encarnaron esta fidelidad. San Isidro y Santa María de la Cabeza vivieron en pobreza, oración y mutua fidelidad, siendo modelo de santidad conyugal.
Asimismo, en el Camino Neocatecumenal, fundado por Kiko Argüello, se enseña que la fidelidad matrimonial refleja la comunión trinitaria y se fortalece en la escucha de la Palabra y la participación en la Eucaristía (Argüello, 2014).

 

Conclusión

La fidelidad matrimonial, desde el Torá hasta la tradición viva de la Iglesia, revela una continuidad histórica y teológica. Enraizada en la alianza divina, asumida por la Iglesia primitiva como signo de santidad frente al mundo pagano, y elevada por la Santa Iglesia como sacramento indisoluble, sigue siendo un llamado permanente a la comunión, la exclusividad y la entrega mutua en el amor.


Referencias

·         Argüello, F. (2014). Anotaciones. Madrid: Camino Neocatecumenal.

·         Biblia de Jerusalén. (1998). Desclée de Brouwer.

·         Catecismo de la Iglesia Católica. (1992). Vaticano.

·         Clemente de Alejandría. (2007). Stromata. BAC.

·         Concilio de Trento. (1547). Decreto sobre el Sacramento del Matrimonio.

·         Ignacio de Antioquía. (2003). Cartas. BAC.

·         Juan Crisóstomo. (2008). Homilías sobre la Carta a los Efesios. Madrid: Ciudad Nueva.

·         Neusner, J. (2003). The Babylonian Talmud: A Translation and Commentary. Hendrickson Publishers.


Anexo

Ejemplos de costumbres matrimoniales en la Iglesia primitiva:

·         La bendición episcopal en la unión conyugal.

·         Las bodas celebradas en la comunidad litúrgica.

·         La recomendación de monogamia y exclusividad en contraste con las prácticas paganas.

·         El uso de símbolos bíblicos como el vino y el pan en el banquete nupcial

La castidad en el matrimonio según la fe católica

Introducción

En la tradición de la Iglesia, la castidad no se limita a la abstinencia sexual, sino que es la integración ordenada de la sexualidad en la persona. Dentro del matrimonio, la castidad es vivida como fidelidad, dominio propio y apertura al amor verdadero. Según el Catecismo de la Iglesia Católica (CIC, 2337), la castidad es “la integración lograda de la sexualidad en la persona y, con ello, la unidad interior del hombre en su ser corporal y espiritual”.


¿Cuándo se debe vivir la castidad en el matrimonio?

La Iglesia enseña que la castidad es una virtud permanente y no exclusiva de los célibes. Para los esposos, la castidad se vive siempre, porque regula el amor conyugal en todas sus etapas:

·         En la noviazgo y preparación: como continencia y respeto mutuo.

·         En el matrimonio: como fidelidad y uso responsable de la sexualidad.

·         En la madurez y ancianidad: como continencia, ternura y comunión espiritual.

San Pablo recuerda: “El cuerpo no es para la lujuria, sino para el Señor” (1 Cor 6,13), y exhorta a los esposos a vivir la intimidad con respeto y consentimiento mutuo (cf. 1 Cor 7,3-5).[6]

 

¿Por qué vivir la castidad en el matrimonio?

Existen fundamentos teológicos y antropológicos:

1.      Porque es mandato divino: “No cometerás adulterio” (Ex 20,14) revela la exclusividad de la unión.

2.      Porque protege la dignidad del amor: el deseo se convierte en entrega sincera, no en uso del otro.

3.      Porque es signo del amor de Cristo a la Iglesia: el matrimonio es imagen de esta unión fiel (Ef 5,25-27).

4.      Porque abre al don de la vida: la castidad conyugal integra la dimensión unitiva y procreativa (Humanae Vitae, n. 12).

Los santos han insistido en ello. San Agustín enseña que el matrimonio tiene tres bienes: fides, proles, sacramentum (fidelidad, apertura a la vida y sacramentalidad), donde la castidad es custodia de los tres (Agustín, De bono coniugali).


¿De qué manera se debe vivir la castidad en el matrimonio?

El Catecismo (CIC, 2363-2369) establece tres ejes:

1.      Fidelidad mutua: exclusividad en el amor, evitando adulterio, pornografía, infidelidad afectiva o virtual.

2.      Dominio de sí mismo: capacidad de discernir los tiempos de unión íntima y los de abstinencia (p. ej. durante enfermedades, preparación espiritual, o métodos naturales de planificación).

3.      Apertura a la vida: los actos conyugales deben respetar su finalidad procreadora y unitiva (CIC, 2366).

San Juan Pablo II, en su Teología del Cuerpo, subrayó que la castidad conyugal transforma el deseo en don: “El hombre y la mujer, mediante la castidad, se convierten en custodios de la dignidad recíproca en el amor” (Audiencia General, 1981).


Conclusión

La castidad en el matrimonio es una vocación permanente, que se vive como expresión de fidelidad, entrega y apertura a la vida. No significa negación de la intimidad, sino su purificación y elevación al amor verdadero. De este modo, el matrimonio se convierte en un signo sacramental del amor eterno de Cristo a la Iglesia.


Referencias

·         Agustín de Hipona. (2008). De bono coniugali. Madrid: BAC.

·         Biblia de Jerusalén. (1998). Desclée de Brouwer.

·         Catecismo de la Iglesia Católica. (1992). Vaticano.

·         Juan Pablo II. (1981). Audiencias Generales sobre la Teología del Cuerpo. Ciudad del Vaticano.

·         Pablo VI. (1968). Humanae Vitae. Vaticano.


Santos esposos y patronos del matrimonio

1.      San Joaquín y Santa Ana – Padres de la Virgen María, modelo de fidelidad y piedad en el hogar.

2.      San José y la Virgen María – Aunque vivieron la castidad perfecta, son modelo de entrega, fidelidad y comunión espiritual.

3.      San Isidro Labrador y Santa María de la Cabeza – Matrimonio humilde y santo en la vida campesina.

4.      San Aquila y Santa Priscila – Matrimonio cristiano que colaboró con San Pablo en la misión (Hechos 18, 2-3).

5.      San Valentín – Protector de los esposos y enamorados.

6.      San Enrique y Santa Cunegunda – Reyes de Alemania, vivieron un matrimonio santo en la castidad mutua.

7.      San Luis IX de Francia y Santa Margarita de Provenza – Matrimonio de reyes, modelo de piedad y servicio.

8.      San Gregorio de Nacianzo el Viejo y Santa Nona – Padres de San Gregorio Nacianceno, testimonio de fe y familia.

9.      San Basilio el Viejo y Santa Emelia – Padres de grandes santos (Basilio Magno, Gregorio de Nisa, Macrina la Joven).

10.  Beatos Luis Martin y Celia Guérin – Padres de Santa Teresita de Lisieux, canonizados como matrimonio santo en 2015.

11.  San Adrián y Santa Natalia de Nicomedia – Mártir y esposa fiel, ejemplo de amor hasta el sacrificio.

12.  San Vicente y Santa Valeria – Matrimonio romano que sufrió martirio por la fe.

13.  San Julián y Santa Basilisa – Matrimonio consagrado al servicio de los pobres y hospitalidad.

14.  San Flaviano y Santa Dafrosa – Matrimonio de los primeros siglos, padres de las mártires Bibiana y Demetria.

15.  San Felipe Neri y Santa Juana Francesa de Chantal – Aunque no fueron esposos entre sí, promovieron la santidad en la vida conyugal a través de la dirección espiritual.


Santos individuales protectores del matrimonio

·         San Raimundo de Peñafort – Defensor del sacramento del matrimonio en la tradición canónica.

·         San Juan Pablo II – Con su Teología del Cuerpo, iluminó el sentido de la fidelidad y la castidad matrimonial.

·         San Agustín de Hipona – Enseñó los tres bienes del matrimonio: fidelidad, prole y sacramento (De bono coniugali).

·         San Juan Crisóstomo – Gran defensor del amor conyugal como imagen del amor de Cristo.



[1] Gn 2,24; El matrimonio se concibe como alianza divina, Mt 19 5p; Ef 5 31; 1Cor 6 16; La fidelidad alianza de Dios con Israel, “La fidelidad sacramental en el matrimonio no es solo compromiso humano, sino gracia divina: los esposos participan del amor indisoluble de Cristo y la Iglesia, llamados a permanecer unidos en exclusividad, entrega y comunión hasta la eternidad.”, Os 2 22, te desposare en fidelidad, y tu conocerás a Yahvé, el conocimiento de Yahvé,  acompaña a (hesed), , es decir, el don del alma aquí v v. 21 22 y 4 2¸6 6 No se trata pues , de un simple conocimiento  intelectual. , así como Dios  se da a conocer al hombre  ligándose a el por una alianza manifestándose su amor (hesed), con su beneficios, así también el hombre conoce a Dios por una actitud que implica la fidelidad de su alianza, el reconocimiento de sus beneficios, el amor. En esta misma línea, y dado el amplio y característico empleo de esta noción  por Oseas, (no menos de 20 veces)9, quizás no deba descartarse el sentido técnico  de “conocimiento sexual, , ver Genesis 4, 1, etc., tomando aquí metafóricamente –lo mismo que el matrimonio –par expresar la posesión vital. Asi como la nocion negativa –no concoer a Yahve, va casi siempre e Oseas, unida a la prostitución o adulterio, es decir la ruptura del matrimonio, ver 2 9-10;4 1- 2¸5 4, asi en 2 22 el conocimiento es la rúbrica del desposorio tres veces repetido  y debe ser; sin duda, respuesta al conocimiento  previo por parte de Dios, 13 5 ¸ver 2 16que tendrán por tanto, sentido mucho más, hondo que el de elegir (como en Am 3 2+etc.) Así pues en Oseas el “conocimiento precisaría la noción m genérica de su paralelo hesed, 2 21  acotándole dentro de este ámbito conyugal  en torno al cual gira todo el libro –como el amor y  fidelidad absoluta de un matrimonio y alianza que será ya único y definitivo  porque habrá logrado ese conocimiento íntimo  de total entrega  y posesión reciprocas –sobre otra concepciones.

[2] Mt 19 6; De manera que no son dos, sino una sola carne; Dt 24 1; Si un hombre toma una mujer que se case, y resulta que esta mujer no le acaba de caerle bien, porque descubre en ella algo que le desagrada, le escribirá una acta de divorcio, se la pondrá en su mano y la despedirá de su casa; Mt 19 7-9.

[3] Ef 5 25; Col 3 19; 1p 3 7; Ef 5 2; Tt 2 14; 3 5-7;  Rm 6 4 +, Ez 19 16 9; Col 1 22; 2 Cor 11 2; Ap 19 7-8;  21 2.9-11. El que ama a su mujer se ama a sí mismo. Porque nadie aborrece jamás su propia carne; antes bien, la aliemnta y la cuida con cariño, , lo mismo que cristo amo la iglesia; 1 Co 2 12+; Gn 2 24, Mt 19 5p; 1 Cor 6 16; Rm 16 25+.

[4] Hch 18,2-3; Hch 20 33 35; 1 co 4 12; 13 5+; 17 15; 1 Ts 3 5-7;  13 51+; Mt 27 24-25; Hch 20 26; 13 5+; 46-47; 28 8, 10 2+; 1 co 1 14, Hch 23 11; Jn 10 16. Pablo permaneció allí un año y seis meses, enseñando entre ellos la palabra de Dios.

[5] Ex 2 14; En el decálogo del Éxodo, con Moisés en las tablas de la ley,  nos señala en sus diez mandamientos “no cometerás adulterio”, St 2 11; Pues el que dijo: no adulteres, dio también no mates sino adulteras, dijo también no mates. Si no adulteras, pero matas, eres transgresor de la ley, hablad y obrad  tal como corresponde  a los que han de ser juzgados por la ley que nos hace libres. Rm 2 12; 6 15 +; Mt 6 14-15;  18,35; ; Lc 6 36 s; 1 Jn 4 18. No cabe temor en el amor¸ antes bien, el amor pleno expulsa el temor, porque el amor, porque el amor entraña  castigo así que quien teme no ha alcanzado la plenitud en el amor. Nosotros amamos porque él nos amó primero,4 9-10;  si alguno dice yo amo a Dios y a la vez odia a su hermano es un mentiroso¸ pues quien no ama a su hermano a quien lo ve, no puede amar a Dios, a quien no ve. 1p 7-9.

[6]  1 co 6 13; También suele decirse: La comida es para el vientre y el vientre para la comida. Pero Dios acabara lo uno con lo otro. Además el cuerpo no es para la fornicación. Sino para el señor, y el señor es para el cuerpo, col 2 22; 10 31; 15 12 s; 1 co 12 12+; gen 2 24; Rm 8 9-10; mas nosotros no vivís según la carne, 1 Jn 2 15-16; 7 5-6;   sino según el espíritu, ya que el espíritu de Dios habita  en vosotros aunque el cuerpo este ya muerto a causa del pecado, Jn 3 5-6; 1 co 3 23+; 1 4+; el espíritu es vida a causa de la justicia que habéis recibido. 5 12+; Y si el espíritu de aquel que resucito a Jesús de entre los muertos dará también la vida  a vuestros cuerpos mortales por su espíritu que habita en vosotros, 6 4+; 8 11+.

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