Artículo.Revelación Divina
La revelación divina es el acto por el cual Dios se da a conocer a los seres humanos. No se trata solo de transmitir información sobre Dios, sino de que Él mismo se comunica y se revela para invitarnos a una relación personal con Él. La revelación muestra quién es Dios, su plan de salvación y cómo los seres humanos están llamados a participar en esa vida divina.
Tipos de revelación
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Revelación natural: Es el conocimiento de Dios que las personas pueden alcanzar mediante la razón, observando la creación. San Pablo dice en la Carta a los Romanos 1, 19-20 que "lo invisible de Dios se hace visible a través de sus obras". Es decir, el mundo creado refleja la existencia de un Creador.
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Revelación sobrenatural: Es cuando Dios interviene directamente en la historia para revelarse a sí mismo y su plan de salvación. Esta revelación culmina en Jesucristo, el Verbo hecho carne (Jn 1,14), quien es la plenitud de la revelación divina.
Etapas de la revelación sobrenatural
Según la enseñanza de la Iglesia, la revelación se dio progresivamente:
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En el Antiguo Testamento: Dios se manifestó a través de los patriarcas (como Abraham), los profetas (como Moisés e Isaías) y acontecimientos clave (la liberación de Egipto, por ejemplo).
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En Jesucristo: La revelación alcanza su plenitud. Jesús es la Palabra definitiva de Dios. El Concilio Vaticano II, en Dei Verbum (n. 4), enseña que “Él, con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, con sus milagros, con su muerte y resurrección, y finalmente con el envío del Espíritu Santo, lleva a plenitud toda la revelación”.
Transmisión de la revelación
La Iglesia enseña que la revelación divina se transmite por dos caminos inseparables:
- Sagrada Escritura: La Biblia, que contiene la palabra inspirada por Dios.
- Sagrada Tradición: La enseñanza viva de los apóstoles, transmitida a sus sucesores (los obispos), y desarrollada a lo largo de los siglos bajo la guía del Espíritu Santo.
Ambas forman “un único depósito sagrado de la palabra de Dios” (Dei Verbum, n. 10).
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La revelación divina es el acto por el cual Dios se da a conocer a la humanidad, manifestando su voluntad y su plan de salvación. A lo largo de la historia de la Iglesia, esta revelación ha sido entendida y desarrollada a través de las Escrituras, la Tradición, las enseñanzas de los Padres de la Iglesia, los santos, los concilios ecuménicos y los documentos magisteriales.
1. La revelación en la Iglesia primitiva La Iglesia primitiva vivió la revelación como una continuidad de la experiencia de Cristo resucitado y la predicación de los apóstoles. San Ireneo de Lyon (Adversus Haereses, libro III, capítulo 3) subraya que la Tradición apostólica es la garantía de la verdad, transmitida por los obispos en sucesión desde los apóstoles.
2. Padres de la Iglesia y Santos Los Padres de la Iglesia, como San Agustín (De Trinitate, libro I, cap. 1), destacan que la revelación es tanto escrita (Escritura) como vivida (Tradición). Santos como San Francisco de Asís y Santa Teresa de Ávila vivieron experiencias místicas que, aunque personales, reflejan la misma revelación divina.
SAN AGUSTIN
3. Concilios ecuménicos Los concilios han sido fundamentales para aclarar y defender la revelación divina. El Concilio de Nicea (325 d.C.) definió la divinidad de Cristo, mientras que el Concilio de Trento (1545-1563) reafirmó la importancia de la Tradición y las Escrituras frente a la Reforma protestante.
4. Documentos de la Iglesia El Concilio Vaticano II, en la constitución dogmática Dei Verbum (1965), enseña que “la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas” (DV 2), y que la Tradición y la Escritura forman un solo depósito sagrado de la palabra de Dios (DV 10).
Referencias APA
Concilio Vaticano II. (1965). Dei Verbum. Ciudad del Vaticano: Librería Editora Vaticana.
San Agustín. (s. V). De Trinitate.
San Ireneo de Lyon. (s. II). Adversus Haereses.
Catecismo de la Iglesia Católica. (1992). Ciudad del Vaticano: Librería Editora Vaticana.




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